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Protocolos de inclusión para hoteles: Guía de seguridad operativa.

  • Foto del escritor: aini escribe
    aini escribe
  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura

Para un gerente general o un director de operaciones, lo que no se puede controlar representa un riesgo. En el sector servicios, las crisis de servicio al cliente suelen nacer de un factor común: la falta de herramientas del personal ante lo inesperado.



Cuando una persona neurodivergente (un huésped con autismo o un colaborador con TDAH) enfrenta un entorno que no comprende sus necesidades, el sistema colapsa. Aquí es donde la inclusión deja de ser un concepto "romántico" para convertirse en seguridad operativa.


1. El riesgo de la improvisación

¿Qué sucede hoy en su empresa si un cliente tiene una crisis sensorial en el lobby o en medio de una reunión? Si la respuesta es "depende del criterio del empleado en turno", usted tiene un riesgo crítico de reputación. La improvisación es el enemigo de la calidad.


2. Protocolos AINI: Estandarización del éxito

Un protocolo de inclusión real actúa como un manual de procedimientos de emergencia:

  • Identificación temprana: Capacitamos al personal para leer señales que otros ignoran.

  • Acción dirigida: Instrucciones claras sobre manejo de iluminación, ruido y comunicación asertiva.

  • Resolución sin fricción: Transformar un potencial conflicto en una experiencia de servicio memorable.


3. Del cumplimiento legal a la excelencia en el servicio

Tener un protocolo no solo lo protege legalmente ante normativas de no discriminación; eleva el estándar de su marca. Un hotel que sabe recibir a la neurodiversidad es, por definición, un hotel que domina los detalles más finos del servicio al cliente.


4. Invertir en el "Software Humano"

En AINI no le pedimos que cambie su infraestructura; le ofrecemos actualizar el "sistema operativo" de su equipo. La formación y el protocolo son las herramientas que permiten a su personal trabajar con confianza, sabiendo que pueden gestionar cualquier perfil de cliente con profesionalismo.

Conclusión:

La pregunta no es si puede permitirse implementar un protocolo de inclusión, sino cuánto le cuesta a su empresa no tener uno.



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